Todo lo que hay que saber sobre la dentadura de los caballos

Muchas personas desconocen que la dentadura de un caballo adulto puede tener hasta cuarenta dientes (12 incisivos, 24 molares y 4 colmillos), incluyendo el llamado “diente de lobo”, aunque cuando el animal es joven sus piezas dentales se reducen a veinticuatro (12 incisivos y 12 molares).

Dentadura de un caballo

La boca de un caballo encierra muchos secretos y el primero nos induce al error de pensar que los caballos tan sólo tienen los dientes -incisivos y colmillos- que podemos ver fácilmente al abrirles los labios, cuando lo cierto es que la dentadura de un caballo adulto está formada por entre 36 y 40 dientes permanentes con diferente estructura y función y de los cuales una buena parte, entre ellos las muelas, no son visibles.

Los potros cuando nacen tan sólo poseen dos dientes incisivos en cada mandíbula y hasta los cinco años la edad de un caballo puede calcularse fácilmente examinándole los dientes, ya que estos van creciendo por grupos a medida que el animal cumple años hasta alcanzar el número de veinticuatro piezas dentales de carácter temporal (12 incisivos y 12 molares), que por cierto tienen un tamaño inferior a los dientes permanentes.

En la boca de un caballo adulto nos encontramos de entrada con seis incisivos superiores (maxilares) y seis incisivos inferiores (mandibulares). Los propietarios de los animales deben saber que los llamados “incisivos de leche” temporales comienzan a cambiarse por incisivos permanentes hasta alcanzar la edad de cinco años.

Cuando el proceso de intercambio se produce sin problemas los dientes permanentes irán produciendo la caída de los “dientes de leche” a medida que se produzca su aparición, aunque en algunas ocasiones estos dientes caducos se quedan retenidos haciendo que la dentadura del caballo tenga más piezas de las que debería haber en circunstancias normales, haciendo necesaria su extracción para evitar que el desplazamiento de los incisivos provoque que maxilares y mandibulares no contacten correctamente, lo que se traducirá en crecimientos anormales de algunas piezas y en problemas a la hora de que el animal desplace la mandíbula.

Aunque se trata de animales herbívoros los caballos también disponen de cuatro colmillos, un par en la mandíbula superior y otro par en la inferior. Estos dientes son habituales en los machos, que los emplean para la defensa y la lucha por las hembras, aunque de forma un tanto anormal también aparecen en un 30% de las yeguas (“machorras”), cuestión dental esta última que no afecta a la capacidad reproductora del animal.

Dientes de un caballo

Por detrás de incisivos y colmillos en la dentadura de los caballos aparecen veinticuatro premolares y molares, doce arriba (6+6) y doce inferiores (6+6), destacando entre todos ellos un primer premolar que por su forma puntiaguda recibe popularmente el nombre de “diente de lobo” y que puede apreciarse en el 50% de los animales, tanto machos como hembras. El “diente de lobo” aparece con más frecuencia en el maxilar superior y en función de la raza puede alcanzar hasta cinco centímetros de longitud.

Debido a estas dimensiones y a que pueden aparecer en un número importante en la dentadura de un caballo, se aconseja su extracción antes de iniciar la monta. A partir de aquí el resto de premolares y molares, que hay que tener en cuenta que tienen un crecimiento continuo, conforman una superficie de masticación y trituración de los alimentos, por lo cual habrá que vigilar que no se producen aristas cortantes motivadas principalmente por el hecho de que las muelas superiores son más anchas que las inferiores, lo que hace necesario “limar” estas puntas de forma periódica para mantener bien equilibrada la boca del animal.

También cuando por cualquier razón una muela no tiene su “opuesta” en determinadas zonas pueden llegar a producirse los llamados “ganchos”, que no son otra cosa que crecimientos anormales que también será necesario rectificar.

Una curiosidad en la dentadura de los caballos es el llamado “surco de Galvayne”, un hecho que aparece en los dientes cuando la edad del animal oscila entre los diez y los treinta años. Estos “surcos” avanzan desde la zona de encaje en la mandíbula asemejando una rotura creciente en el diente, para una vez alcanzado el borde ir desapareciendo poco a poco.

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