Los caballos y el problema de las patas hinchadas en invierno

Los periodos de inactividad invernal pueden provocar que las patas de nuestros caballos, principalmente las traseras, presenten hinchazón. Ello se debe a que el sistema linfático circula más lentamente pudiendo provocarse edemas que requieren la asistencia del veterinario.

Los caballos pueden alcanzar fácilmente velocidades de 50 km/h, aunque como es lógico esta acción les implica un gran esfuerzo físico y, por el contrario, un reducido consumo de energía. El secreto que explicaría esta aparente contradicción se esconde en la anatomía de sus patas.

En las extremidades de los caballos coexiste una perfecta combinación de músculos y de tendones que funcionan como si se tratara de auténticos resortes, absorbiendo energía cuando las patas tocan el suelo y liberándola posteriormente para impulsar al animal hacia delante.

Para evitar que los tendones puedan resultar lastimados por las fuertes vibraciones que soportan las patas de los caballos durante la carrera, los distintos músculos funcionan como si se tratara de un sistema natural de amortiguación.

Pero a pesar de su aparente fortaleza las patas son una de las partes más frágiles de un equino. Uno de los problemas más frecuentes que puede presentar nuestro caballo durante los frecuentes periodos de inactividad invernal es hinchazón en las patas, una patología que se debe al hecho de que el líquido que circula por los vasos linfáticos no lo hace correctamente debido a la falta de ejercicio, provocando que por efecto de la gravedad la linfa se acumule en las patas, principalmente en las traseras que son las que se encuentran más alejadas del corazón.

Es en las patas traseras donde el flujo sanguíneo es por lo tanto más lento y es aquí precisamente donde el líquido linfático tiende a atascarse, sobre todo en la zona situada entre el corvejón y el espolón. Es frecuente que durante el invierno un caballo a pupilaje en boxes no realice más de cinco kilómetros diarios y eso siempre y cuando exista monta, un tiempo de entrenamiento que es insuficiente para que la circulación de la linfa sea la correcta.

Por el contrario un caballo que viviera en libertad podría recorrer en un día unos veinte kilómetros, distancia idónea para que sus patas no presenten ningún tipo de hinchazón y es que en comparación con nuestro sistema linfático el de los equinos peca de demasiado débil.

La explicación a este hecho se debe a que los seres humanos hemos evolucionado a lo largo de seis millones de años, mientras que el desarrollo corporal de los caballos se produjo de forma mucho más rápida y eso se ha traducido en que, entre otras cosas, su sistema linfático rinda peor.

Para detectar la indeseada hinchazón en las patas es necesario tocar y controlar regularmente las extremidades de nuestro caballo, porque un diagnóstico temprano del problema será la mejor forma de que podamos solucionarlo antes de que evolucione de forma negativa.

Para ello utilizaremos una cinta métrica con la que procederemos a medir antes y después del entrenamiento el perímetro de la caña por encima del menudillo, de forma que los valores que obtengamos nos sirvan para saber cuánto se hinchan las patas del animal durante el tiempo de inactividad.

Desde un punto de vista veterinario las patas hinchadas son el primer síntoma de que se ha producido un edema linfático, una patología que de no tratarse podría derivar en lo que los expertos denominan flemón crónico o “pata de elefante”, lo que en los humanos recibe el nombre de filiriasis linfática.

Ello se debe a que una vez producido el edema linfático las bacterias aprovechan la ocasión de debilidad para infiltrarse e inflamar a su vez los tejidos subcutáneos, provocando con ello que los vasos linfáticos ya afectados terminen por saturarse de forma definitiva y posiblemente crónica.

Para prevenir este problema es aconsejable que nuestro caballo realice, incluso en invierno, sesiones diarias de trote y de galope tranquilo con el objetivo de activar la circulación sanguínea y el tránsito del líquido linfático, además de procurar una alimentación adecuada para la estación invernal.

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