Gato y Mancha, los caballos criollos y la travesía que rompió récords

La historia de Gato y Mancha es de esas que quedan inmortalizadas en la memoria de todo aficionado al mundo equino. Y es que los dos caballos criollos de origen argentino protagonizaron la proeza de realizar una travesía que duró más de tres años y en la que partieron desde Buenos Aires con final en Nueva York.

Monumento a Gato y Mancha.

Es lógico reconocer que podemos caracterizar a los caballos como animales habituados a realizar recorridos de importancia en la actualidad. Pero ello no quita que la historia de Gato y Mancha sea especial y única cuanto menos.

Ambos caballos criollos, de procedencia argentina, eran propiedad de Emilio Solanet, criador e impulsor de la raza, siendo también uno de los fundadores de la Asociación de Criadores de Caballos Criollos de Argentina.

Tanto Gato como Mancha ostentan el honor de haber llevado a cabo a buen seguro una de las grandes odiseas que la historia de la hípica haya conocido jamás. Nos referimos a la heroica de unir Argentina con Estados Unidos, y Buenos Aires con Nueva York. Una travesía histórica en la que cruzaron prácticamente la totalidad de América del Sur con su destino al norte.

Aunque Solanet era el propietario de los dos equinos, tras adquirirlos como resultado de un negocio con el Cacique Liempichún en Chubut, sería el profesor suizo Aimé Félix Tschiiffely quien realizaría el viaje junto a los dos animales protagonistas de la historia. Convencido de las grandes posibilidades de estos animales, Tschiffely contactó con Solanet y el proyecto se puso en marcha poco tiempo después.

La famosa odisea daría comienzo el 24 de abril de 1925 desde Buenos Aires, cuando los caballos contaban con una edad de 16 años en el caso de Gato, equino de pelaje gatuno, y 15 en el de Mancha, que destacaba por su pelo overo.

Gato y Mancha, los caballos criollos que hicieron historia

Los dos equinos, criados en la Patagonia y habituados a severas condiciones de vida, se pusieron en marcha con la guía del profesor suizo, partiendo del local de la Sociedad Rural Argentina.

Y Nueva York, el destino final. Una auténtica proeza de 21.000 kilómetros tanto para los caballos como para su guía, que con una media de 46,2 km diarios en 504 etapas consiguieron además batir tanto el récord mundial de distancia como de altura (5.900 msnm en el Paso El Cóndor, en Bolivia).

No es de extrañar que a dicha travesía se la catalogue como una de las más famosas y heroicas que se recuerdan en la historia de la hípica. Pero la fortaleza de los caballos criollos y su preparación intensa y a conciencia permitieron superar tan arduo reto.

Las complicaciones más severas aparecieron en la Cordillera de los Andes, la cual cruzaron en varias ocasiones a través de un terreno abrupto y elevado, y con temperaturas desde -18º hasta 52º.

Dada la dificultad del viaje, sus condiciones y la relevancia histórica de lo que estaban a punto de conseguir los dos caballos y su guía, los medios dieron gran importancia al reto e informaban con regularidad de la situación de los protagonistas.

Tras veinte países, tres años, cuatro meses y seis días, el desafío se convirtió en realidad. El profesor Tschiffely, a lomos de Mancha, llegó a Nueva York el 20 de septiembre de 1928, mientras que Gato, dolorido por la coz de una mula, se quedó en Ciudad de México.

Tras la gesta, los dos equinos regresaron a Buenos Aires en diciembre del mismo año, y fallecieron en 1944, en el caso de Gato, y en 1947 lo hizo Mancha, siendo cuidados hasta el fin de sus días por Juan Didart en El Cardal.

Como homenaje a su hazaña, los cuerpos de los dos héroes equinos fueron embalsamados y se encuentran expuestos en la actualidad en el Museo de Transportes del Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo”, en Luján. Además, el 20 de septiembre de cada año se conmemora el Día Nacional del Caballo en Argentina, al ser la fecha en la que Mancha y Gato llegaron a Nueva York.

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