La perra Laika, 60 años del primer astronauta de la historia

Hace sesenta años que se llevó a cabo el lanzamiento del Sputnik 2, la primera nave espacial que llevó un ser vivo a bordo. Laika, bautizada como la “perra espacial”, fue su tripulante y aunque tan sólo consiguió sobrevivir unas horas su sacrificio sirvió para que los humanos hayamos podido conquistar el espacio.

El día 3 de noviembre de 1957 la Unión Soviética lanzaba la nave Sputnik 2, la primera que llevaba a bordo un ser vivo: la perrita Laika. Después de 163 días de orbitar alrededor de la Tierra el Sputnik 2 había sumado un total de 2.570 vueltas completas a nuestro planeta, desintegrándose a su regreso el 14 de abril de 1958.

Laika, bautizada por las autoridades soviéticas como la “perra espacial”, y que en la prensa norteamericana de la época fue renombrada como Muttnik o Curly, apenas consiguió sobrevivir unas horas tras el lanzamiento dado que un fallo mecánico provocó un sobrecalentamiento en el interior del Sputnik 2, algo inesperado después de meses de un entrenamiento propio del mejor de los astronautas.

Capturada en las calles de Moscú, Laika (ladradora en ruso) era una perra mestiza de unos tres años y tamaño medio. Con anterioridad al Sputnik 2 poco o nada se sabía de los efectos que los vuelos espaciales podían provocar en los seres vivos, de ahí que antes de que el primer astronauta Yuri Gagarin pasara a la historia fuera necesario “probar” con tripulantes menos humanos.

Laika fue entrenada junto a otras dos perras -Albina y Mushka-. Los expertos consideraron entonces que los animales criados en las calles moscovitas estarían mejor acostumbrados a vivir en condiciones extremas, pero a pesar de ello los tres animales fueron sometidos a un entrenamiento exhaustivo y cruel, durante el cual cada veinte días eran confinados en habitáculos cada vez más pequeños con el fin de acostumbrarlos a las reducidas dimensiones de una nave espacial.

Además, Laika y sus compañeras fueron sometidas a centrifugadoras que simulaban la aceleración que sufren los ocupantes de un cohete durante su lanzamiento y también tuvieron que habituarse a comer un gel especial de alta capacidad de nutrición, único alimento que recibirían durante su aventura espacial. Y todo ello en muy poco tiempo, porque Nikita Kruschev quería que el Sputnik 2 fuera la “guinda” de las celebraciones del 40º aniversario de la revolución rusa.

Después de Laika doce perros más fueron utilizados en los vuelos espaciales realizados por la Unión Soviética. Afortunadamente todos regresaron a la Tierra sanos y salvos, menos Pchyolka y Mushka, tripulantes perrunos del Sputnik 6. La nave fue destruida intencionadamente por los rusos el 1 de diciembre de 1960, después de que cambiara su rumbo de entrada a la Tierra y para evitar que fuera “capturada” por Estados Unidos.

Actualmente, la memoria de la perrita Laika se conserva en el monumento levantado en su honor en 2008, en la estatua y placa que en 1997 se colocaron en la Ciudad de las Estrellas del Centro Ruso de Entrenamiento de Cosmonautas o en el Monumento a los Conquistadores del Espacio (1964) donde tan sólo Lenin y Laika figuran con sus nombres.

Además, en marzo de 2005 un área de Marte fue bautizada con el nombre de Laika en honor a la “perra espacial” que contribuyó con su vida a la conquista del espacio. En su recuerdo Yuri Gagarin dijo que “todavía hoy no sé si yo soy el primer hombre o el último perro en volar al espacio”.

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