El sueño de criar caballos purasangre en África

Antes de que estallara la Primera Guerra Mundial la millonaria norteamericana Jayta Humphreys y su marido el barón Hans-Heinrich von Wolf compartieron el proyecto de criar caballos pura sangre en África del Sudoeste, la actual Namibia. Quieren saber qué fue de ese sueño…..

La baronesa Karen Blixen, que en el mundo literario se hizo famosa escribiendo bajo el seudónimo de Isak Dinesen, llegó al África Oriental Británica (actualmente Kenia) poco antes de que diera comienzo la Primera Guerra Mundial, y sus aventuras y ensoñaciones en su granja cafetera ubicada a los pies de las colinas de Ngong son de sobra conocidas a través de la película “Memorias de África”.

Pero la baronesa Blixen no fue la única mujer que por aquella misma época vivió en África una historia de amor y de ensueño. A comienzos del pasado siglo la joven millonaria norteamericana Jayta Humphreys y su marido, el barón Hans-Heinrich von Wolf, compartieron el insólito proyecto de criar caballos ingleses pura sangre en el continente negro, algo que hasta ese momento nadie había logrado ni siquiera imaginado.

Para Jayta Humphreys, una habitual del hipódromo neoyorquino de Belmont Park, todo comenzó en Dresde (Alemania) donde su padrastro era cónsul de los Estados Unidos. Allí fue donde conoció al capitán von Wolf que acababa de regresar de las posesiones que desde 1884 tenía Alemania en África del Sudoeste, la actual Namibia, tras participar en la “pacificación” de una serie de violentas revueltas tribales.

En la primavera de 1907 la pareja de recién casados embarcaba en Hamburgo con destino a Swakopmund, principal puerto africano bajo control alemán, con la idea de establecerse en la colonia aprovechando el conocimiento de la zona que tenía von Wolf y las cuantiosas rentas que Jayta recibía por sus participaciones en la compañía neoyorquina Humphreys Homeopatic Medicine que fundara su abuelo.

Para hacerse una idea de la magnitud del proyecto que rondaba por sus cabezas, para que la empresa fuera rentable habían calculado que su granja africana debería tener al menos 140.000 hectáreas, superficie que por cuestiones burocráticas acabaría quedando finalmente reducida a 20.000 hectáreas ubicadas en la provincia sureña de Duwisib (donde nace el arco iris).

A pesar de todo se trataba de un lugar ideal para la cría de caballos puesto que en aquella época era uno de los pocos territorios libres de peste equina. Fue aquí donde el barón y la baronesa von Wolf construyeron un castillo de piedra con veintidós habitaciones y sus correspondientes torres y almenas, una auténtica fortaleza que más que a un capricho ostentoso respondía a una necesidad de carácter defensivo, puesto que estaban rodeados de tribus rebeldes.

El proyecto compartido por ambos cónyuges era importar caballos de raza y al mismo tiempo desarrollar una explotación ganadera en un territorio donde existía una gran escasez de carne, para lo cual Jayta y su marido compraron 38 yeguas de vientre, nueve de ellas pura sangre, además de dos valiosos sementales, junto a 95 vacas y dos sementales Hereford, 600 ovejas merinas, 400 ovejas afrikáner, 10 cerdos y unas cuantas decenas de gallinas.

Después de una primera etapa llena de dificultades y de problemas para asegurar pastos y agua para el ganado, principalmente para los costosos y delicados caballos ingleses mal acostumbrados a las tórridas temperaturas africanas, en 1914 el matrimonio von Wolf comenzó a ganar carreras y a obtener premios en las ferias de ganado, un éxito que les llevó a embarcarse con rumbo a Alemania con el fin de adquirir más caballos y más cabezas de ganado.

El destino quiso que durante la travesía se produjera en Europa el estallido de la Primera Guerra Mundial, lo que provocó que el capitán von Wolf decidiera reintegrarse al ejército alemán después de una azarosa travesía atlántica, muriendo finalmente en el frente francés durante la sangrienta batalla del Somme.

A partir de aquí la historia cuenta que la viuda Jayta Humphreys decidió no regresar a Duwisib convencida de que en solitario no podría sacar adelante una granja de semejante magnitud y ubicada en un territorio rodeado de países hostiles debido a la contienda mundial, por lo que el sueño de caballos pura sangre “made in África” se esfumó.

A diferencia de Karen Blixen la baronesa von Wolf no dejó rastro escrito de su paso por África y de su estancia en Duwisib, ese lugar “donde nace el arco iris”. El castillo fue vendido en 1991 a unos inversores suecos y los caballos que Jayta y su marido llevaron hasta Namibia -más de trescientos- con el sueño de criar pura sangre en África, seguramente sean los bisabuelos de los caballos salvajes que actualmente sobreviven en el desierto del Namib.

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